En una remota aldea de Dinamarca, dos hermanas ya ancianas viven envueltas en la nostalgia de una lejana juventud, en la que su educacion, profundamente puritana, las obligó a renunciar a toda posibilidad de ser felices. Pero la llegada de Babette a sus vidas les ayudará a realizar el milagro de hacer brotar la bondad humana a través del goce de los sentidos que produce siempre un buen festín culinario.
Esta vez Muriel, Saturno y Júpiter se han unido de una manera armoniosa, ofreciendo un resultado en forma de imágenes, primeros planos exquisitos que transcurren a ritmo de una sinfonía de Bach y un final con sabor a blinis, perdices en sarcófago y un Veuve Clicquot de 1845.

Memorias de Africa ya me fascinó, y la última vez que lo leí el pasado mes de Enero en tierras africanas me permitió oler y tocar la esencia de éste continente. De nuevo la hija de Marte, Karen Blixen, ha conseguido conmoverme a través de los sentidos, y me ha ayudado a corroborar lo que siempre he creido: un artista nunca estará sólo.

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